Las majas del bergantín
(Vídeo "Grandes Hitos")


Ficha de la versión 
Obra Las majas del bergantín
Versión

Vídeo "Grandes Hitos"
Espectáculo

Les Luthiers, grandes hitos
Fecha Miércoles, 29 de marzo de 1995
Duración 00:02:00 (Introducción)
00:12:50 (Obra)

(Mientras Marcos se prepara para leer la introducción ante el micrófono, Daniel se acerca por detrás decidido a ser él quien la lea, animado por el éxito que tuvo en la obra anterior. Cuando descubre que Marcos ya está preparado para leer, hace un gesto de rabia y pasa de largo saliendo por el otro extremo del escenario)

Marcos Mundstock:
La zarzuela “Las Majas del Bergantín” narra la historia de los marinos de un navío de la corona española que transporta a un grupo de prisioneras para ser juzgadas en Cádiz, describe la relación de los marinos con las forajidas mientras el bergantín es asediado por el barco del pirata Raúl, a cuya banda pertenecen las prisioneras. Esta zarzuela está basada en la novela “Lejanías”, de Jorge Esteban Pérez Ríos, y la adaptación no fue fácil ya que la novela original trata de un leñador que vivía con su loro en los bosques de Bulgaria. No fue fácil. El único personaje que ha permanecido es el loro.

Los autores de “Las Majas del Bergantín”, Rafael Gómez y Sampayo y Ataúlfo Vega y Favret, responsables ambos en colaboración de varias zarzuelas de gran éxito, luego de ponerse de acuerdo sobre las líneas generales que debían seguir tanto la música como la letra, trabajaron intensamente durante tres meses. Cuando se volvieron a encontrar, descubrieron con cierto desagrado que ambos habían escrito la letra. Fue entonces cuando decidieron incorporar un músico al equipo. Recurrieron al compositor y célebre guitarrista Ramón Véliz García y Casal, a quien llamaban “El Cervantes de la Guitarra” (porque era manco).

Escucharemos a continuación justamente, y finalizando el presente recital, el segundo acto de “Las Majas del Bergantín”, zarzuela de Pérez Ríos, Gómez y Sampayo, Vega y Favret y Véliz García y Casal. Los marinos cantan orgullosos de su navío que gallardo desafía la furia de los vientos.

(Se colocan todos de pie y en fila delante del escenario, con las manos en los cinturones, la chaqueta abierta y las piernas separadas. Detrás queda Carlos Núñez Cortés sentado al piano)

Todos:
Sopla el viento, sopla el viento
como nunca antes sopló.
Y nuestro bergantín
orgulloso avanza y veloz, veloz.

Y surcando las aguas
desafiando al viento va.
Resistiendo tan gallardo,
tan gallardo, terco y tenaz, y tenaz, y tenaz.

Esa es la pura verdad, verdad
La verdad, verdad, la verdad.

Junto al viento, junto al viento
ya se oye nuestra voz
Que va exclamando valiente:
¡Ay qué mareo! ¡Qué mareo!
¡Ay qué mareo! ¡Qué mareo tan atroz!
¡Y olé!

(Mientras cantan la canción se van balanceando sincronizadamente simulando el movimiento del barco, pero al llegar a la última estrofa se pierde la sincronización y comienzan a chocar unos contra otros y a apoyarse para no caerse)

Carlos López Puccio: ¡Recórcholis, como se mueve este cacharro! Haré arriar las velas. ¡Contramaestre!
Marcos Mundstock: ¡Va! ¡Va! ¡Va! ¡Va!

(Marcos trata de acercarse a Puccio, pero el movimiento del barco se lo impide. Al final lo piensa y se coloca en un punto estratégico, de tal forma que la siguiente sacudida del barco lo lleve hasta el capitán)

Carlos López Puccio: Foques enrollados, jarcias adujadas y cabos a la cornamusa. ¡Hala!
Marcos Mundstock: ¿Y… de postre?
Carlos López Puccio: De todos modos, magnífica tripulación…
Todos: Gracias, gracias
Carlos López Puccio: Y hermoso bergantín.
Jorge Maronna: Gracias, grac…
Carlos López Puccio: Y hablando de bergantín, ¿os habéis fijado cuántos nombres de embarcaciones comienzan con “b” larga?
Carlos Núñez Cortés: Barco.
Jorge Maronna: Buque.
Marcos Mundstock: Bote.
Carlos Núñez Cortés: Bajel.
Jorge Maronna: Balandro.
Marcos Mundstock: Balsa.
Daniel Rabinovich: ¡Velero!
Marcos Mundstock: Fragata.
Carlos López Puccio: ¡Fragata es con “f”!
Marcos Mundstock: Es que la fragata que yo digo se llama Bilbao. Capitán, querríamos hacerle una petición.
Carlos López Puccio: ¿Una petición?
Marcos Mundstock: Bah, no, una petit-ción. Verá usted, respecto de las prisioneras que llevamos en la bodega…

(Mira hacia Daniel, Carlos Núñez y Jorge, que al oír la palabra prisioneras hacen gestos muy expresivos)

Marcos Mundstock: …y teniendo en cuenta que hace dos meses que estamos en alta mar y no tocamos puerto… ni nada… queríamos pedirle que las dejara subir a cubierta...
Carlos López Puccio: ¿Subir a cubierta las prisioneras?, ¡de ningún modo! Esas mujeres son delincuentes comunes…
Marcos Mundstock: Bueno, no pretendemos que sean especiales…
Carlos López Puccio: Quiero decir que son forajidas… Son de la banda del pirata Raúl, y en cuanto lleguemos a Cádiz debo entregarlas para que sean juzgadas. Eso sí, debo entregarlas… intactas.
Marcos Mundstock: Pero capitán, ¿quién se va a andar fijando… en el grado de “intactez”?
Carlos López Puccio: ¡Intactitud!
Marcos Mundstock: ¡Menos todavía!
Carlos López Puccio: ¡Hombre, qué vergüenza! Mira, piensa en el pasado de España.

(Al oír la palabra España Marcos se cuadra y se pone firme)

Carlos López Puccio: Si subieran esas mujeres a cubierta relajarían la moral de la tripulación.
Marcos Mundstock: Hombre, y lo bien que nos vendría…
Carlos López Puccio: ¡He dicho que no, y no, y no! Subirían esas mujeres a cubierta y comenzarían que las miraditas, que las risitas, que la juerga… que el fandango… que la borrachera… que el toqueteo… que… ¡Qué suban!
Daniel Rabinovich: ¡Ahí suben las prisioneras!
Marcos Mundstock: ¡Oh, qué vellos tienen!

(Ante la mirada de los demás Marcos se explica)

Marcos Mundstock: ¡Que bellos tienen los ojos!
Jorge Maronna: ¡Oigamos lo que dicen!
Marcos Mundstock: ¡Ya comienzan a cantar!

(Suena de nuevo el piano de Carlos Núñez Cortés. Los otros cuatro comienzan a cantar. Desde la parte derecha del escenario cantan con la voz ruda y varonil de los marineros, mientras que desde la parte izquierda cantan con voz femenina. Entre frase y frase van cambiando de banda caminando rápido y muy serios sin perder la compostura)

Todos:
Hola marineros, decidnos qué hacéis,
Por quién lucháis y por quién navegáis.

Todos servimos a nuestro Rey
Y a la bandera de nuestro “Páis”

Sois tan gentiles y sois tan galantes
Que ya quisiéramos que nos amárais

(Mientras todos se dirigen a la parte derecha Daniel se queda retrasado haciendo gestos muy femeninos. Cuando se da cuenta de que se ha quedado solo vuelve corriendo a su sitio para continuar)

Todos:
Agradecidos, pero es que antes
Sería muy útil que nos “conozcárais”

(Marcos y Jorge se van al lado “femenino”, Daniel se queda en el “masculino” y Carlos López se queda en medio haciendo las presentaciones de rigor)

Carlos López Puccio: Este es Francisco, “El Estampado”

Todos:
¡Qué maravilla su cuerpo tatuado,
anclas, sirenas, gaviotas, anguilas!
Tiene tatuajes en todos lados
Tiene tatuajes hasta en las axilas.

Daniel Rabinovich:
Vean tatuado en mi vientre
El continente europeo
Y… no les muestro Italia
Porque quedaría feo

(De nuevo se queda Carlos en medio y Marcos ocupa el lugar de Daniel en el lado “masculino”)

Carlos López Puccio: Este es Anibal, “El Insatisfecho”

Todos:
Hay en sus ojos rencor y despecho
Miedo provoca su imagen tan ruda
Hombre sin duda… de pelo en pecho,
Lo que se dice ¡una bestia peluda!

Marcos Mundstock:
Mi furia tiene motivo
Al mar ya no lo resisto
Ah, porque yo quisiera ser
O bailarín o modisto

(Puccio presenta a los dos que faltan. Como Carlos Núñez está tocando el piano, Jorge Maronna se coloca a su lado)

Carlos López Puccio: Y estos son los mellizos Reynoso: Julio y Agosto.

Todos:
Cómo se explica
Que siendo mellizos
No se parezcan sus caras,
Sus pintas

Jorge Maronna: Yo soy delgado
Carlos Núñez Cortés: Yo soy rollizo
Ambos: Somos mellizos de madres distintas

Todos: ¡Venid con nosotras mellizos!
Ambos: ¡Con mucho gusto, señoras!
Todos: ¿Y qué hacemos los demás?
Todos: Vosotros también
Todos: ¡Es un placer!
Todos: No demoréis…
Todos: ¡A vuestros pies!
Todos: ¡Chulos!
Todos: ¡Guapas!
Todos: ¡Majos!
Carlos Núñez Cortés: ¡Capitaaaán!

(El final ha sido un poco desordenado, con todos corriendo de un lado a otro del escenario para seguir el diálogo entre marineros y forajidas. Marcos, más listo que el resto, al final se queda en medio del escenario mirando de un lado a otro mientras los demás corren. Cuando Carlos Núñez grita, se detienen y recuperan el aliento)

Carlos López Puccio: ¿Qué ocurre?
Carlos Núñez Cortés: ¡Veo un barco pirata a la derecha!
Carlos López Puccio: Se dice estribor.
Carlos Núñez Cortés: ¡Veo un estribor a la derecha! ¡Capitán, y veo muchos piratas! Hay uno de ellos muy corpulento que parece el jefe. Tiene pata de palo y lleva un loro en el hombro.
Carlos López Puccio: Un barco pirata… ¿Y cuál es su tamaño?
Carlos Núñez Cortés: Más bien pequeñín… es como un cotorrita pequeña…
Carlos López Puccio: No, digo que cuál es el tamaño del barco, hombre.
Carlos Núñez Cortés: Ah, el tamaño del barco… yo pensé que usted se refería… al tamaño de… del… psitácido. Unos sesenta metros de largo.
Carlos López Puccio: Largo no, eslora.

(Carlos Núñez mira asombrado al capitán, luego entorna los ojos para mirar al barco a lo lejos y luego a su catalejo preguntándose para que sirve, si el capitán es capaz de ver sin él algo que él mismo con el catalejo no ha alcanzado a ver. Incluso sopla por él para ver si está atascado)

Carlos Núñez Cortés: Bueno, hombre, yo dije “loro” generalizando…
Carlos López Puccio: Mira, fíjate si lleva algún botín.
Carlos Núñez Cortés: ¡Si, uno! ¡En el pie que no es de palo!

(Puccio se aleja desesperado mientras Carlos sigue mirando por el catalejo. De repente ve a Puccio a través del mismo)

Carlos Núñez Cortés: Capitán, no va usted a creerlo… ¡un pingüino!

(Al retirarse el catalejo de los ojos comprueba que lo que estaba mirando no era un pingüino sino al propio capitán. Tratando de arreglar el desaguisado se acerca a él y le acaricia la cabeza)

Carlos Núñez Cortés: Pero bellísimo…
Daniel Rabinovich: ¡Rayos y centellas!
Carlos López Puccio: ¿Qué ocurre?
Daniel Rabinovich: No, no, me equivoqué. En el agua, ¡rayas y centollas! Y caracoles…
Carlos López Puccio: Sí, también puede haber caracoles…
Daniel Rabinovich: No, no, caracoles está bien, equivoqué el tono; ¡Caracoles!
Carlos López Puccio: ¿Qué ocurre?
Daniel Rabinovich: Que una botella viene flotando hacia el bergantín.

Todos:
¡Una botella, una botella!
Una botella flotando
¡Una botella, una botella!
Viene flotando hacia aquí

Daniel Rabinovich: La deben haber puesto para que se enfríe.

(Al oír el comentario de Daniel el capitán preocupado lo aparta de un empujón)

Todos:
¡Una botella, una botella!
Viene flotando hacia aquí

Jorge Maronna: Debe ser un mensaje de los piratas

Todos:
¡Una botella, una botella!
Viene flotando hacia aquí

Jorge Maronna: Tiene una calavera y cruzadas dos tibias
Daniel Rabinovich: ¿Tibias? Confirmado, la han puesto para que se enfríe.

(Puccio vuelve a apartar a Daniel de un empujón y se agacha para coger la botella y leer el mensaje)

Carlos López Puccio: ¡Diantres! ¡Es del pirata Raúl!
Daniel Rabinovich: ¿Y qué dice?
Carlos López Puccio: Dice que si no les entregamos a las prisioneras… nos hundirán.

(Al oír el mensaje Daniel comienza a temblar de forma convulsiva)

Daniel Rabinovich: ¡Ay, capitán…! ¡Qué susto tengo, capitán!
Carlos López Puccio: No tiembles así…
Daniel Rabinovich: Qué miedo tengo.
Carlos López Puccio: ¡Un poco de dignidad!
Daniel Rabinovich: Estoy aterrorizado.
Carlos López Puccio: Mira, piensa en el pasado de España.
Daniel Rabinovich: Es que me tiembla toda Europa, desde Noruega hasta Italia.

(Carlos Núñez, que se ha quedado pensando durante el diálogo, de repente se le ocurre algo)

Carlos Núñez Cortés: ¡Tengo una idea, capitán! ¿Qué tal si vamos disfrazados de prisioneras? Y una vez a bordo… ¡zas! ¡Les atacamos!
Carlos López Puccio: No, no, no, no. Imagínate lo que nos harían si se dieran cuenta de que no somos mujeres…

(Carlos Núñez reflexiona y asiente, indicando por gestos que les cortarían la cabeza, pero tercia Daniel)

Daniel Rabinovich: Peor lo que nos harían si no se dieran cuenta…

(Jorge Maronna en segundo plano hace gesto de dolor, pero en ese momento Marcos se le acerca y hace ademán de que a él no le importaría, que si él tiene algún problema es cosa suya. Por algo le llaman “El insatisfecho”… Los demás asustados dan un par de pasos hacia atrás mientras Carlos Núñez sigue pensando una solución)

Carlos Núñez Cortés: ¡Ya está, capitán! ¡Ja, ja! Entonces, vayamos disfrazados… de hombres.
Carlos López Puccio: Pues nada, no hay nada que hacer.
Daniel Rabinovich: ¿Cómo que no hay nada que hacer?
Carlos López Puccio: Habrá que entregar a las prisioneras.
Daniel Rabinovich: ¡No!
Carlos Núñez Cortés: ¡No, eso sí que no!
Marcos Mundstock: ¡Resistamos! ¡Resistamos!
Carlos López Puccio: ¡Que no! No sabría cómo ofrecer resistencia, por lo tanto hay que entregarlas.
Daniel Rabinovich: Es inútil
Marcos Mundstock: Sí, pero… es el capitán.
Carlos López Puccio: ¡Hala, marchaos! ¡Tomad el esquife! ¡Idos con el pirata Raúl!

(Carlos Núñez se vuelve a sentar al piano y entona una triste melodía mientras los demás suspiran de dolor e impotencia al ritmo de la melodía. Daniel limpia el hombro de Jorge Maronna con la mano por dos veces consecutivas, y cuando éste se mira el hombro intrigado por ver de qué se ha manchado Daniel apoya la cabeza en su hombro para llorar. Jorge comprensivo le acaricia la cabeza un segundo y retira la mano, pero Daniel se la vuelve a poner en la cara)

Daniel Rabinovich: ¡Más!
Carlos López Puccio: Contramaestre, zarpamos. Que extiendan las velas.
Marcos Mundstock: ¡No se lo aconsejo, señor! Hay viento…
Carlos López Puccio: Y… por eso, que extiendan las velas…
Marcos Mundstock: ¡Ah, que “extiendan” las velas! Yo había entendido que “enciendan” las velas…

Daniel Rabinovich:
¡Ay! Que las majas se han ido
y con ellas nuestro amor.

(Daniel canta con gesto apesadumbrado y voz triste, aunque cuando dice “amor” se lleva las manos al lado derecho del pecho. Sin embargo se da cuenta rápido de su error y las lleva al lado izquierdo provocando la carcajada del público)

Todos:
Siempre nos queda el olvido,
el olvido con el licor.
Ya que las majas se han ido,
y con ellas nuestro amor
¡Sólo nos queda olvidarlas,
Sólo nos queda… olvidarlas,
Sólo nos queda… olvidarlas!

Daniel Rabinovich: ¡Buah, buah, buah!
Carlos López Puccio: ¡Está bien, no llores más! Mira, piensa en el pasado de España…
Daniel Rabinovich: ¡No lloro por el pasado de España, lloro por el fututo de Italia!

Todos: ¡Olvidarlas con el licor!


Puedes ayudar a costear el hospedaje con una pequeña aportación en Bitcoins: [[address]]

Recibida la donación de [[value]] BTC. ¡Muchísimas gracias!
[[error]]
url: http://www.lesluthiers.org
e-mail: webmaster@lesluthiers.org